
Después de leer el libro, he estado pensando mucho en los viajes en el tiempo, hacia adelante y atrás. Más que las paradojas, por ahora solo mi cabeza quizo explorar el camino de la imperfección de los calculos, y de como nuestra mente atrae sucesos a nuestra vida.
Basado en la novela de Isaac Asimov: "El Fin de la eternidad" (1955,ISBN 8497933532)
Los eternos también deben de comer. Y dormir. Y descansar. A pesar de vivir en un lugar donde un día, un mes o un año no es un intervalo de tiempo, si no una descripción de lo que es un lugar; a pesar de eso, el día y la noche, el sueño y el descanso siguen siendo parte de la vida de un Eterno.
Pero no puedo comer. No tengo hambre. No puedo dormir. No tengo sueño. ¿Será este un efecto también de la Eternidad? Llevo aquí ya 7 años y aún no puedo dormir cuando debo de dormir. Simplemente cierro los ojos, y sueño. Más bien fantaseo con regresar a mi casa, con ver a mi familia, y ser responsable solamente de mi. Es lo que tal vez me gustaría más; ser ignorante, ser débil, ser uno más y dejar que mi destino sea dirigido por mi corazón. No por las frías matemáticas. No por las insensibles calculadoras. No por los gélidos eternos. Pero solo es una fantasía. Y después de recordar, después de sentir el olor de la lluvia en mi nariz, y el calor del sol en mi cabeza, me relajo lo suficiente para descansar. Pero no puedo dormir...
Hoy recordé una frase de un microfilme rescatado de una realidad puesta a desaparecer: “No existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas”. Después, de pensar en esta frase, me levanté. No tenía más sentido seguir intentando dormir. Faltaba menos de un par de horas para empezar de nuevo mi turno de observación del tiempo normal. Así como no existe la casualidad, tampoco existirá ese libro. Existirá con mucha suerte, uno parecido, cuyas palabras describan un poco el significado de la misma frase. Pero nunca será el mismo libro, porque no será escrito por la misma persona. Es lo que pasa cuando se cambia la Realidad. Se cambia la tierra, se cambian los hombres, los libros, las plantas y animales. Se cambia todo.
Llevo más de diez días sin poder dormir. Todo el día siento que camino sobre el agua. Hago mi trabajo bien, mecánicamente. Porque solo es observar y describir; mis sugerencias son razonadas en los reglamentos descritos por la Eternidad para el punto medio de la felicidad humana. Casi todo lo hace la calculadora. Lo único que tengo que hacer por 6 horas es entrar en el tiempo normal, protegido de cualquier cambio que se haga, y procurando yo mismo cambiar lo más mínimo posible en el tiempo normal. Entro al tiempo normal y observo a las personas. Las escucho hablar. Describo su ropa, su comportamiento, sus relaciones con sus parejas, y su tecnología. Y todo eso se puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Así como yo, entra alguien al tiempo normal, pero esta vez, ese alguien Cambia algo. Atasca el freno de un vehículo e interrumpe una declaración de guerra. Mueve un frasco de lugar, y evita un accidente espacial. Eso es parte de mi trabajo. Hacer más feliz a la humanidad. Pero yo no soy feliz. Ni siquiera puedo dormir. Porque así como hay cambios que detienen una guerra, hay cambios que evitan la creación de una nave interplanetaria, o de la fisión nuclear en frío, o de una obra literaria perfecta, o peor aún de la creación de canciones extraordinarias. No se si me gusta la Eternidad. Pero no puedo dejar que nadie lo note. Me echarían de aquí a un siglo en decadencia, con problemas económicos y sociales, en el cual estaría destinado a desaparecer al más mínimo cambio.
Tal vez esa no-existencia sea más parecida a dormir que a nada que conozco. El poder desaparecer y no ser nada. Eso podría ser mejor que dormir.
Más tarde en la Eternidad:
- Ha habido un accidente Jefe Programador Bastel.
- ¿Qué clase de accidente?
- Un observador en el tiempo normal, ha sufrido un accidente. Falló el vehículo en que se desplazaba.
- ¿Y el observador? ¿Se encuentra bien?
- Si, esta durmiendo ahora. El ejecutor Talim lo ha traído de vuelta.
- Buen trabajo ante el imprevisto. ¿Cómo es que ha ocurrido un fallo en ese vehículo? ¿No habían sido calculadas las probabilidades del fallo del vehículo?
- Fueron calculadas perfectamente, y revisadas por 3 programadores diferentes. La probabilidad de fallo era de 1 entre diez millones por usar el vehículo tan corto tiempo.
- Es un buen grado de error, entonces solo podemos suponer que ha sido una casualidad.



